martes, 16 de septiembre de 2014

Quiénes son los Masones

Publicacion cortesia de R:.Logia Obreros de Hiram N°29 Gran Logia Simbolica Española Sevilla

Este breve opúsculo va dirigido a todas aquellas personas interesadas en informarse sobre la Francmasonería y que antes de tomar una determinación sobre su posible solicitud de ingreso, sienten la necesidad de disponer de más conocimiento sobre ella.
A pesar de que la Masonería es una institución de respetable antigüedad, y que de ella se han ocupado ampliamente historiadores, filósofos y escritores existen en la actualidad una desorientación y desconocimiento casi completos de lo que realmente es esta organización y de cuales son sus finalidades y qué medios utiliza para lograrlas.
Para  intentar llenar ese hueco se escribió la presente publicación, que solo trata de dar  un primer paso hacia el conocimiento de lo que es la Francmasonería. Existen buenas obras de este tipo que ayudarán a quien desee obtener información específica sobre algún aspecto particular del tema. Lo que aquí nos hemos propuesto es presentar el panorama general, como lo haríamos ante quien nunca hubiese oído hablar de la Masonería. No se trata de una propaganda en favor ni en contra, sino simplemente una exposición escueta de hechos y datos fáciles de comprobar, pero que, hasta ahora, no estuvieron reunidos en una sola publicación.
¿QUÉ FINALIDADES TIENE LA MASONERÍA?
Cuando por primera vez oímos decir que alguien es masón, la pregunta que surge inmediatamente en nosotros es: “¿Qué significa “ser masón”? ¿es una religión o una secta, o un club filosófico, o un partido político, o qué?”. Daremos contestación a estas preguntas:
Masón significa constructor, o sea el que fabrica a cal y canto un edifico; pero aunque antiguamente este título se les aplicaba a los miembros de las asociaciones de constructores que dieron  a Europa sus mejores edificios de la Edad Media y del Renacimiento, actualmente hemos de entenderlo en su acepción figurada, diciendo que el masón es un constructor del templo simbólico de la ciencia y de la virtud, que edifica su propia personalidad.
En otras palabras, un masón es un individuo que trabaja en perfeccionarse y en evolucionar, tanto en sus conocimientos como en su comportamiento moral, y para ello sigue los caminos que le indica la antigua asociación que se nombra Masonería o, más correctamente, Francmasonería.
Correlativamente, la Institución Francmasónica tiene como finalidad principal la de constituirse en orientadora e inspiradora de quienes buscan y anhelan este perfeccionamiento, para lo cual va desgranando una a una sus enseñanzas, en dosis graduadas y de acuerdo con el adelanto de cada uno de sus miembros. A través del estudio razonado y crítico de la filosofía moral se obtiene un mejor conocimiento de las virtudes y del modo de practicarlas.
Pero, entonces, ¿cabe decir que la Masonería es una escuela?.
Desde luego que no, si entendemos por escuela un lugar donde se imparten clases sobre materias especificas, basándose en libros de texto, y se capacita a los alumnos para desempeñar un trabajo que les permita ganarse el sustento. La Masonería es algo más que eso. En primer lugar, su filosofía educativa es totalmente distinta a la de cualquier escuela, puesto que en vez de exigir el aprendizaje de una serie de postulados y principios, estimula la exposición libre, la discusión ilustrada y el desarrollo de la imaginación y del pensamiento original, como medio para conseguir que cada cual llegue por su estudio independiente y su meditación profunda, a sus propias conclusiones lógicas y a la afirmación de sus convicciones. Por tanto, usa ampliamente del símbolo y de la alegoría, pero no ofrece de ellos ninguna explicación fija y dogmática, sino que deja en libertad al iniciado para que ejercite sus propias facultades deductivas e inductivas para descifrarlos y aprender, por sí mismo, las lecciones que encierran.
Se hace necesario preguntar qué utilidad tiene esto.
La historia nos enseña que de la Masonería han salido, en todos los tiempos, hombres de gran visión, acrisolado altruismo e inagotable energía, que han dado a la humanidad sus más grandes impulsos de progreso. Para descubrir estos nuevos caminos, necesitaron nutrirse de la duda filosófica, no de la certeza dogmática, precisaron examinar lo que no es típico, en vez de conformarse con lo usual y corriente. Tuvieron que desechar los cartabones, los textos consagrados y los manuales establecidos, decidiéndose a recorrer sendas supuestamente prohibidas para el pensamiento y aportando las soluciones a los problemas irresueltos. Para esto, dispusieron de una maravillosa facultad: la imaginación creadora.
La Masonería ha sido, a través de los tiempos, una de las pocas instituciones que se han percatado de la importante función que tiene esta imaginación creadora en la evolución de la humanidad, y ha descubierto y aplicado un método sencillo y eficaz para desarrollarla. Por eso ha sido y seguirá siendo el semillero de nuevas ideas, el portaestandarte de las vanguardias y la escuela en que se forman los hombres que viven y piensan entre el hoy y el mañana… los precursores de la humanidad.
Pero no solamente a esto se limita la Masonería. No se conforma con ver que cada miembro se cultive y perfeccione a sí mismo, sino que trata de desarrollar en todos y cada uno de ellos el firme sentimiento de fraternidad y abnegación, encauzando cuidadosamente todos sus esfuerzos hacia los nobles fines de justicia y progreso material y espiritual de toda la humanidad.
Dejaría la Masonería de ser universal en sus finalidades si se mostrara partidaria de algún “ismo”, o enemiga de alguna religión. En su seno se admiten a hombres y mujeres de todas las religiones y se respetan las creencias de cada uno y su forma personal de rendir culto a Dios. Por lo mismo, están proscritas las discusiones sobre los méritos relativos de tal o cual forma de culto, como no sea para reconocer que todas ellas representan modalidades del sentimiento de veneración del hombre hacia esa Entidad Suprema a quien se llama con distinto nombre. La Masonería resume todas esas apelaciones en un común denominador y le llama “Gran Arquitecto del Universo”, sin establecer ningún culto especial para adorarle, pues considera que todos son buenos cuando nacen de los anhelos puros del hombre. En resumen, la Masonería no es una religión, ni discute los principios de ninguna religión, sino por el contrario, las respeta a todas.
La Masonería es más que un club filosófico o una escuela de moral. Es una libre asociación de hombres y mujeres de todas las condiciones económicas, y de todos los grados de cultura, a quienes los une el deseo de alcanzar un desarrollo y una evolución más alta en su personalidad interna, un dominio más perfecto de sí mismos, una afirmación de sus convicciones, una agudización más sutil de sus facultades intelectuales y un acendrado espíritu de abnegado servicio hacia sus semejantes. Dentro de la Masonería encuentran estos hombres un ambiente de libertad, de respeto mutuo, orden, seriedad, estudio y fraternidad.
La Masonería contiene una filosofía educativa propia, basada en el estudio imaginativo y profundo de símbolos y alegorías, que persigue como finalidad el desarrollo del pensamiento propio, original, lógico y constructivo, con el resultado de que cada masón palpa pronto los frutos de este perfeccionamiento personal al notar que se ensancha extraordinariamente su manera de ver la vida, se despiertan aptitudes dormidas, y surgen perspectivas de mejoramiento.
¿ CÓMO ESTÁ ORGANIZADA INTERNAMENTE?
La Francmasonería no es una sociedad simple, sino una agrupación de sociedades que aceptan como base fundamental un conjunto de antiguas leyes, escritas o no escritas, que se denominan “Antiguos Límites”, “Antiguos Cargos”, “Marcas”, o “Landmarks”. Este cuerpo de ordenamientos se deriva directamente de los que regían el funcionamiento de las asociaciones de masones operativos en la Edad Media y es el resultado de una larguísima experiencia. Los Antiguos Límites han logrado que la Francmasonería sea siempre una e indivisible, a pesar de la variedad de cuerpos que la constituyen, y que no se modifique ni prostituya su carácter esencial a través de los tiempos. Por encima de cualquier constitución o reglamento están siempre los Antiguos Límites. Estos definen las normas básicas de funcionamiento de la Institución, los requisitos, derechos y obligaciones de los miembros y funcionarios y la postura filosófica, social y política de la Masonería Universal. A pesar de su importancia, no son dogmáticos sino convencionales y admiten que exista una variedad casi infinita en la manera y orden con que pueden impartirse las enseñanzas, en el estilo de la decoración de los “Templos”, en las liturgias y en muchos otros aspectos. A ello se debe la diversidad de los Ritos Masónicos que son aceptados como “regulares”.
Se llama rito, en Masonería, al conjunto de reglas o preceptos de conformidad con los cuales se practican las ceremonias y se comunican las instrucciones de los grados.
Pasan de cien los ritos que han sido fundados, en diversos tiempos, dentro de la Masonería, y que se han considerado como “reconocidos”. Muchos de ellos tuvieron una vida efímera pero otros han subsistido hasta nuestros tiempos. El pertenecer a un rito determinado, sin embargo, no es obstáculo para que los masones se traten entre sí como miembros de una misma gran familia y se visiten mutuamente.
De todos los ritos, son considerados como los principales el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y el Rito Inglés de York o Rito del Real Arco.
Los masones se congregan en pequeños grupos formados con algunas decenas de miembros, que se denominan “Logias”, y se reúnen dos o más veces al mes en un local adecuado que recibe el nombre de “taller”, dando a entender con ello que se congregan para trabajar.
El valor e importancia de los trabajos que se desarrollan en las logias no depende del estilo o fastuosidad de su decoración. Muchas de ellas procuran limitar al mínimo estos adornos para que no se distraiga la atención y se desvíe del trabajo principal, que es de orden intelectual. Se puede trabajar masónicamente a campo raso y bajo la bóveda celeste, o en una choza de paja, sin que nadie pueda alegar que se desmeritan en algo las bellas ceremonias en que se van revelando las enseñanzas y secretos de la Masonería.
Una logia masónica imparte los tres grados fundamentales del Simbolismo, oMasonería AzulAprendiz, Compañero y Maestro. Toda logia está incorporada a una Gran Logia cuyos límites de jurisdicción corresponden generalmente a los del Estado en que se encuentra. Los funcionarios de estas Grandes Logias son electos democráticamente entre los maestros de todas las logias simbólicas de la jurisdicción y toca a ellos gobernar en los asuntos que incumben a la agrupación. Finalmente, existe dentro de cada país un organismo o Confederación de Grandes Logias y, en el plano internacional, otros organismos que preparan y realizan congresos regionales y mundiales para el estudio y resolución de los problemas generales de la Orden. Estos superorganismos solamente pueden formular recomendaciones a las Grandes Logias.
Es la Masonería Azul, o sea las Logias Simbólicas, la que constituye el grueso del pueblo masónico, encargándose de conferir, como hemos dicho antes, los tres grados tradicionales de Aprendiz, Compañero y Maestro, comunes a todos los Ritos. En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado existen además otros cuerpos autónomos de formación superior que imparten los grados llamados Capitulares, Filosóficos y Administrativos, hasta  el último grado de dicho Rito, que es el 33º. Hay una independencia completa entre la Masonería Azul y estos otros niveles de la Masonería, por lo cual los grados que otorgan no tienen preponderancia alguna en las Logias Simbólicas, en donde no se reconoce otro grado superior al de Maestro.
Las logias simbólicas se rigen a sí mismas en todos los asuntos internos, empleando para sus deliberaciones el orden parlamentario y tomando sus acuerdos en votaciones democráticas. Eligen periódicamente a sus funcionarios y otorgan a los nuevos miembros los diversos grados, a medida que los van mereciendo. Establecen sus reglamentos internos e imprimen a los trabajos y estudios el curso que consideran más conveniente, procurando no salirse de los principios generales de la Orden.
En resumen, es la Logia Simbólica la unidad orgánica de la Institución Masónica. Estas logias se encuentran congregadas en Grandes Logias y pertenecen a algún Rito reconocido, subsistiendo por encima de estas divisiones de carácter administrativo la absoluta unidad de todos los masones del mundo entero, que se reconocen fraternalmente, se ayudan y trabajan de común acuerdo hacia las metas de progreso y bienestar de la humanidad, que constituyen el deber cotidiano que todo masón se ha impuesto voluntariamente.
¿CUAL ES SU HISTORIA?
Dejando a un lado muchos y muy antiguos antecedentes históricos de la masonería, oscuros e inconexos, señalaremos aquí que la Francmasonería surgió de las corporaciones de obreros de la construcción en la Edad Media. Los canteros alemanes y los constructores ingleses y franceses de esos tiempos no constituían únicamente asociaciones de oficios (“guildas”), sino verdaderas hermandades en donde se enseñaba y ejercitaba una teoría secreta de sus respectivas artes y oficios. Muchos autores han probado que los francmasones no han inventado su liturgia y sus símbolos, y que tampoco los han copiado de otras sociedades secretas arcaicas, sino que les han sido transmitidos, por sucesión directa, de las sociedades gremiales de que proceden.
Se pretende que la Masonería es tan antigua que ya existía y se practicaba en las pirámides de Egipto, en los templos de la India, en las cavernas de los Esenios, en las criptas secretas de los Mayas, en la Academia de Pitágoras y en muchas otras sociedades iniciáticas de muy remota antigüedad. Las semejanzas, reales o imaginadas, con los ritos y ceremonias que se llevaban a cabo en esos tiempos, demuestran en todo caso que la Francmasonería llena una íntima necesidad del espíritu humano, cual es la de buscar la superación personal y encauzar las potencialidades individuales hacia el bien común.
Que estas técnicas no hayan variado grandemente en el curso de varios milenios no debe extrañarnos, ya que los antropólogos y etnólogos han demostrado que el hombre sigue siendo esencialmente semejante en sus manifestaciones mentales y afectivas desde sus orígenes, a pesar de todas las modificaciones ambientales que ha logrado la civilización.
La Masonería, en su forma actual, tomó cuerpo en Inglaterra a fines del Siglo XVII. Con anterioridad, existían en Alemania, Francia e Italia las cofradías de constructores, o “masones”, en donde se enseñaban no solamente las artes y las ciencias que debía dominar un maestro constructor, sino que se impartían principios de moral y buena conducta, que garantizaran la armonía dentro de las corporaciones. Los lustros de duración de las monumentales obras que ejecutaban los “masones” (entre las cuales se cuentan las más preciadas joyas del estilo gótico) favorecían que se estableciesen relaciones muy estrechas entre los numerosos artistas y obreros. Estos formaban verdaderos “equipos” bajo la dirección de sus grandes maestros arquitectos, que eran solicitados para ejecutar obras en ciudades distantes y en diferentes países. Natural es que, en sus viajes, buscasen la ayuda de otros miembros de su misma profesión, también agremiados en cofradías, y que asistiesen a las reuniones de sus “logias”. De esta necesidad de viajar y ser reconocidos y atendidos, como de las precauciones que cada agrupación debía tomar para no admitir entre sus miembros a un operario que fuese a romper la armonía por su mala conducta, o a explotar en su beneficio personal los conocimientos técnicos que se impartían en las logias, surgieron los signos secretos de reconocimiento, la jerarquización en tres grados, con obligaciones y prerrogativas distintas, y el sigilo y discreción para realizar las reuniones de masones.
El nombre de francmasón, derivado del inglés “freemason” y del francés “franc-maçon”,que significan “masón libre”, se daba a los constructores que tenían libertad para contratar sus servicios con cualquier persona y en cualquier país, a diferencia de los que estaban al servicio exclusivo de algún noble, prelado eclesiástico o monarca. Estos últimos, desde luego, no precisaban de signos de reconocimiento, ni de todas las demás cosas que caracterizaban a las logias de francmasones.
Por la necesidad de viajar y de conocer diversos países y costumbres, los francmasones tuvieron contacto con distintas maneras de pensar y diferentes organizaciones políticas, lo cual les confirió un punto de vista excepcionalmente amplio hacia los problemas religiosos, filosóficos, económicos, sociales y políticos de su época. Hubieron de admitir, con igualdad de derechos, a hombres de distintas nacionalidades, credos y razas, y esto sentó las bases a los principios humanistas de la naciente Orden.
En los siglos X, XII y XIV, se emprendieron en Escocia e Inglaterra grandes obras, y para su realización se hicieron venir constructores alemanes, quienes llevaron consigo los usos y costumbres de las logias alemanas. A su influjo nacieron las logias escocesas e inglesas.
Hacia principios del siglo XVIII, la construcción de catedrales, grandes monumentos y palacios dejaron de ser la aspiración máxima de las clases dominantes, es decir el clero y la nobleza (entre otras razones, porque no podían financiarlas). Al mismo tiempo, las necesidades de obras menores y obras civiles aumentaban considerablemente debido al advenimiento de la burguesía. Se construía más pero no se necesitaban para estas obras los grandes conocimientos de los masones tradicionales. Consecuentemente, las logias de los masones operativos empezaron a languidecer debido a la falta de encargos. Entonces, en 1717, se constituyó en Londres una Gran Logia, bajo el patrocinio de un grupo de hombres de gran ilustración, que veían con pena la decadencia de las logias de constructores. Fue entonces cuando nació, propiamente, la Francmasonería de nuestros tiempos, la cual ha conservado cuidadosamente el espíritu de las antiguas cofradías, sus principios constitucionales y los usos y costumbres tradicionales, apartándose de la construcción material. Admitió en sus filas a hombres de todos los oficios y condición social, a la vez que daba una interpretación elevada y filosófica a sus símbolos. Así, la Francmasonería adquirió un carácter más amplio, susceptible de extenderse por todo el mundo.
Al ser electo Jorge Payne para cargo de Gran Maestro, emprendió la meritoria tarea de reunir todos los preceptos existentes y formar una colección de 39 ordenanzas generales que fueron revisadas por el Dr. James Anderson, teólogo e historiador, y sirvieron de base a la Constitución publicada en 1723, que es el primer fundamento legal de la Masonería.
Prosperó, a partir de ese momento, la Orden, contando entre sus iniciados a distinguidos miembros de la nobleza y de la familia real de Inglaterra. Entre 1739 y 1772 surgieron ciertas desavenencias internas que dieron origen a su separación en dos ritos: el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y el Rito de York, o del Real Arco.
De Inglaterra, la nueva Francmasonería se extendió rápidamente a otros países. En  Francia apareció entre 1721 y 1732 y alcanzó un auge inusitado. Se formaron nuevos ritos y se crearon grados filosóficos, siendo ésta, al principio, una innovación mal recibida en los demás países, ya que infringía los Antiguos Límites que únicamente establecían los primeros tres grados.
La Masonería Francesa ha contado entre sus miembros a distinguidas personalidades, como Voltaire, Condorcet, Victor Hugo, Herriot, Dantón, Marat, Alejandro Dumas, Emilio Zola y muchos más. Los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que figuran en el frontispicio de todo templo masónico, inspiraron sin duda a los artífices de la Revolución Francesa.
Fueron destacados masones en nuestro país: Ramón y Cajal, Antonio Machado, Martínez Barrio, Blas Infante, etc.
 ¿INTERVIENE LA POLÍTICA?
Con mucha frecuencia se formula la pregunta de si la Masonería desarrolla actividades de índole política. Esto es lo primero que se le ocurre a quien lee en las páginas de la historia la larga lista de estadistas, reformadores, revolucionarios y patriotas que fueron masones.
Quienes piensen que la Masonería es una organización política están equivocados, como suele equivocarse quien examina superficialmente las cosas y no penetra tras las apariencias para aquilatar su verdadero significado.
Pese a los esfuerzos de quienes en ciertas épocas han pretendido desentenderse del carácter real de la Institución y han hecho esfuerzos por transformarla en bandera política, la Masonería ha conservado, hasta ahora, su verdadera naturaleza de escuela y taller en donde se forja la personalidad y evolucionan las facultades más nobles del hombre. Es un laboratorio en donde se ejercita el análisis y la síntesis de todas las ideas y de todos los nuevos conceptos filosóficos, en el ambiente aséptico propicio para el claro y recto pensar, y en donde se funden en el crisol del trabajo mancomunado y de la lucha constante, los más diversos metales, para obtener la amalgama y la aleación con que se forjan los hombres y mujeres capaces de dedicar sus vidas al progreso de la humanidad, sin distinción de raza, credo o nacionalidad.
La Masonería ha enseñado a estas personas a luchar primero consigo mismos, para limar sus asperezas y fortificar sus almas. Les ha mostrado el camino de la convivencia fraterna, el respeto mutuo, la dignidad y el heroísmo. Ha inflamado sus corazones con el amor a sus semejantes y la santa indignación contra la injusticia y la tiranía que degradan al hombre y encadenan su pensamiento. Por eso es que en su seno se han gestado tantas iniciativas trascendentales para el adelanto de la humanidad.
La Masonería es esto y mucho más; pero lo que no es, ni ha sido jamás, es un partido político, ni una organización al servicio de tal o cual encumbrada personalidad, ni el exponente de tal o cual “ismo” (ni siquiera del liberalismo, como doctrina política) ni una mafia de “carbonari”, aunque sus detractores así la hayan descrito en alguna ocasión.
Jamás podría ser cualquiera de estas cosas sin perder inmediatamente su sentido humanista y universal, quedando a merced de las contingencias temporales y a la mezquindad de las lides personalistas.
Pero así como nadie construye una casa para que permanezca deshabitada, ni un barco si nunca ha de navegar, ni se prepara un banquete si nadie ha de comerlo, ni ejercita el atleta sus músculos si no ha de emplearlos, así también, carecería de sentido alguno la actividad masónica del desarrollo de las facultades superiores del ser humano, si no desembocara en forma natural y lógica en los múltiples cauces de la actividad social desempeñada por cada uno de sus miembros, dentro de la esfera de influencia personal y como resultado de su iniciativa propia.
Por ello es que, aún no siendo la Masonería una organización política, y ocupándose, como lo hace, principalmente de la evolución personal de cada uno de sus miembros, resultaría absurdo que forjase obreros del progreso y heraldos del porvenir y, al mismo tiempo, les prohibiese toda actividad política, ya que en la realización de logros concretos está la justificación histórica de la Institución.
De lo cual resulta que, individualmente, los masones si pueden intervenir activamente en la política de sus países cuando así sus conciencias y aptitudes se lo aconsejan.
 ¿QUÉ OBLIGACIONES TIENE UN MASÓN?
Toda sociedad tiene el derecho de exigir de sus miembros el cumplimiento de ciertos deberes y, a la vez, le hace partícipe de los beneficios que ofrece. La Masonería no es una excepción, por lo que es justo y necesario que, antes de contraer las obligaciones de un masón, se sepa cuáles son estas obligaciones.
La primera de las obligaciones consiste en guardar un silencio absoluto en los asuntos tratados en las reuniones o “tenidas” (como se les designa masónicamente). La Masonería no es, propiamente, una sociedad secreta, pero sí es discreta. En los varios siglos de actuación que lleva recorridos ha podido probar que sólo con reserva, sigilo y discreción se puede estar a salvo de los ataques que nacen de la incomprensión, del fanatismo y de la envidia. A los que comentan que : “¡Algo de malo habrá en ello, puesto que se esconden para hacerlo!”, les contestaremos que nunca las nuevas ideas han encontrado el camino sembrado de comprensión, buena voluntad y aliento. Por el contrario, recordemos a Sócrates acusado de pervertir a la juventud, a Galileo torturado por blasfemo, a Spinoza excomulgado por ateo, y tantos otros que han seguido igual o peor suerte.
La segunda de las obligaciones de un buen masón es la de trabajar intensamente en pro de su propia perfección interna. Deberá corregir sus propios defectos, combatir sus pasiones y prodigarse en el servicio para con los demás. En esto consiste el trabajo masónico, que es, como se dijo antes, un trabajo personal de evolución y labrado de la personalidad. No es buen masón quien solamente se dedica a reunir abundantes conocimientos sobre filosofía, historia, ciencia litúrgica, psicología, sociología, etc., si esta ilustración no va acompañada de un auténtico espíritu fraternal que le impulse a correr en auxilio de todo hombre que necesite de sus servicios. Tampoco podrá calificarse de masónica la labor de quien está animado de grandes deseos de hacer el bien, pero que carezca de la ilustración y capacidad suficientes para reconocer la forma más eficaz y provechosa de hacerlo. El verdadero masón concuerda sus conocimientos con un comportamiento altruista y virtuoso, y pone en juego ambas cualidades en trabajo infatigable, para que sus buenos deseos se transformen en realidades palpables.
La tercera obligación es la de cumplir con los Estatutos Generales de la Orden, las Constituciones de la Gran Logia a que pertenezca y los Reglamentos particulares de su logia. Aunque no sería posible dar a conocer en el presente opúsculo este cuerpo de disposiciones legales, bastará explicar que su objeto único es el de fijar las normas de gobierno y funcionamiento interno de las logias, y que todo masón sabe que estas órdenes tienen como mira el bien común y jamás pueden contravenir los principios de honor y virtud que proclama la Orden. Huelga decir que entre las obligaciones que se desprenden de los Reglamentos Particulares de las logias están incluidos los de asistir puntualmente a las “tenidas”, estar al corriente en los pagos de las cuotas personales, o “cápitas”, y conducirse siempre con decoro y orden.
Fuera de estas obligaciones no hay otras. Cada masón lo es por su libre y espontánea voluntad, y tiene derecho a retirarse, como caballero, de la Masonería, cuando lo desee, sin que por ello sufra persecuciones, amenazas o ataques. Sólo se le pide, bajo su palabra de honor, que no revele los secretos de la Institución, y si no lo cumple, el único que se perjudica es él mismo ya que el verdadero y más preciado secreto masónico es inviolable por naturaleza.
PRINCIPIOS GENERALES
En las páginas que preceden hemos intentado establecer un perfil muy genérico de lo que significa la Masonería en general. Pero, como explicábamos antes, la práctica masónica se ejercita a través de las Logias y de las Grandes Logias, y estas proclaman sus Constituciones y Reglamentos Generales con absoluta independencia de las otras Grandes Logias, por lo que estos cuerpos jurídicos pueden contener diferencias que son las que matizan la peculiar manera en que cada Gran Logia decide practicar la Masonería.
El presente fascículo es publicado por la Logia OBREROS DE HIRAM, adscrita a la GRAN LOGIA SIMBÓLICA ESPAÑOLA con el número 29 y se reúne en SEVILLA desde el año 1985.
A continuación transcribimos los siete artículos de los Principios Generales de la Constitución de la Gran Logia Simbólica Española, a cuyo espíritu se tiene que ajustar el resto del articulado de nuestra Constitución.
ARTÍCULO PRIMERO:
La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la ética y la práctica de la solidaridad; y trabaja por el mejoramiento material y moral, y por el perfeccionamiento espiritual, intelectual y social de toda la humanidad.
Tiene como principios la tolerancia mutua, el respeto de los demás y de uno mismo, y la absoluta libertad de conciencia.
Considerando que las concepciones metafísicas y religiosas son del dominio exclusivo de la apreciación de cada individuo, rechaza cualquier afirmación dogmática.
Tiene por divisa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Cada Francmasón interpretará la invocación al Gran Arquitecto del Universo según le dicte su conciencia con el mayor respeto hacia las diferentes interpretaciones y hacia los Hermanos que las sustentan.
 ARTÍCULO SEGUNDO
La Francmasonería tiene como deber extender hacia todos los componentes de la humanidad los lazos fraternales que unen a los Francmasones esparcidos por toda la superficie de la Tierra.
Recomienda a sus miembros propagar sus ideales a través del ejemplo, la palabra y los escritos manteniendo en todo momento la necesaria discreción sobre los asuntos internos.
ARTÍCULO TERCERO
Es deber de un Francmasón, en todo momento, ayudar, ilustrar y proteger a su Hermano y defenderle contra cualquier injusticia.
ARTÍCULO CUARTO
La Francmasonería considera el trabajo como uno de los deberes esenciales del hombre y honra igual al trabajo manual que el intelectual.
ARTÍCULO QUINTO
La Francmasonería tiene signos y emblemas de alto significado simbólico que sólo pueden ser revelados por la Iniciación.
Estos símbolos presiden, en las formas determinadas por los distintos Ritos, los trabajos de los Francmasones y les permiten reconocerse y ayudarse por toda la superficie de la Tierra.
La Francmasonería no impone ninguna interpretación dogmática de estos símbolos.
La Iniciación comporta varios grados:
Los tres primeros son los de Aprendiz, Compañero y Maestro. Este último es el único que da a los Francmasones la plenitud de los derechos masónicos.
Nadie puede ser dispensado de las pruebas prescritas por los rituales.
 ARTÍCULO SEXTO
La soberanía se ejerce a través del sufragio universal.
ARTÍCULO SÉPTIMO
En las reuniones masónicas todos los Francmasones son iguales. No existe entre ellos más distinciones que las de la jerarquía impuesta por las diferentes funciones.
 CONDICIONES DE ADMISIÓN
Para poder ser admitido a la Iniciación y gozar de los derechos que otorga la calidad de Francmasón de la Gran Logia Simbólica Española es necesario:
1) Ser mayor de edad.
2) Tener una reputación y una ética irreprochables y no desempeñar un oficio o profesión que atente contra los Derechos Humanos, la ética, la moral y los Principios de la Francmasonería.
3) Tener la instrucción necesaria para comprender las enseñanzas masónicas.
4) No pertenecer o haber pertenecido a cualquier asociación o grupo que practique, preconice o propague la discriminación racial o la violencia hacia otras personas con el pretexto de su origen, raza, etnia, religión, ideología, sexo o cualquier otro que ataque a los Derechos del Hombre.
Cualquier hombre o mujer que, reuniendo estas condiciones, deseara someter su solicitud de ingreso a estudio, deberá dirigir una carta en la que haga una breve pero fiel biografía y exponga los motivos que lo llevan a interesarse por la Masonería y a querer iniciarse en ella.

Los tres puntos en la firma de un masón

firma masón

Afortunadamente, la red de la información hoy en día nos permite navegar en un mar de conocimientos al parecer infinito, y ese trayecto, pude encontrarme con un guía que me permitió comprender este tema tan importante y representativo para la Masonería mediante triadas, que así no crean, están presentes en nuestra vida a donde quiera que estemos, miremos o hablemos.

Anotaciones sobre los tres puntos:

“Los tres puntos masónicos constituyen el más simple y perfecto emblema del ternario, es decir, todo el ser, idea o fuerza simbolizados por el número TRES. (Subrayado propio).
Tres es Dios, vida, verbo, luz. Esto es lo que expresa la palabra trinidad: el padre, el hijo y el Espíritu Santo. El Padre es la vida y representa el poder, la fuerza, la expansión. El Hijo es el verbo, la palabra creadora, la forma de lo que existe. El Espíritu es la luz, no es la sustancia, el ser representado por el Padre, ni la inteligencia en forma activa representada por el Hijo, sino es la propia sustancia, la propia inteligencia y la luz producida por el Poder Infinito y por la Inteligencia Infinita en acción, es por lo tanto infinita también. El 3 es el equilibrio perfecto entre la vida, el verbo y la luz.
Escogiendo ese símbolo, junto con la Escuadra y el Compás como distintivos de la orden, los primeros masones dieron prueba de profunda sabiduría y del conocimiento del valor oculto de sus significados. Los tres puntos sintetizan admirablemente la Unidad, la Dualidad y la Trinidad, esto es, el grandioso misterio del origen de todos los seres. Esos tres puntos están armónicamente juntos como Unidad en Oriente, como Dualidad en Occidente y como Trinidad en las tres Luces de la Logia, en las Luces Mayores y en las tres Luces Menores del Altar, en las herramientas que son necesaria para comprender esas verdades que nos indican todos los símbolos y emblemas que adornan nuestras logias.
El punto superior, que está hacia lo alto, representa el Primer Principio de lo Absoluto, de lo Único, es el Gran Arquitecto en el cual existen originalmente todas las cosas. Es la Suprema Realidad invisible que produce todos los seres. En él están resumidos el pasado, el presente y el futuro. Los dos puntos inferiores son la imagen de la Dualidad, los mismos dos principios representados por las dos columnas situadas en la entrada del Templo y de cuya reunión resultan todos los fenómenos del Universo. Cada uno de ellos es un aspecto diverso del punto superior, de la unidad primera y originaria, que es siempre indivisible aunque se muestre en esa doble manifestación.
El punto superior corresponde al Oriente y los dos inferiores al Occidente, pero los tres forman uno sólo. Uniendo esos tres puntos tendremos un triángulo equilátero, símbolo perfecto del equilibrio y de la verdad que resultan del conocimiento de la vida, del verbo y de la luz. Cuando el neófito ve en Oriente el Delta Luminoso, ve el emblema del ser, de la vida, en el centro del cual están las letras que forman el nombre sagrado de Aquel que ES, que existe porque SI, el Eterno, cuando el iniciado abre sus ojos a la Luz de la Verdad, no encuentra en el templo nada que se relacione simbólicamente el número UNO, porque nada de lo que es sensible puede representar la unidad. Nosotros solamente podemos percibir la diversidad, la complejidad. Nada es simple en la naturaleza, todo es complejo. La Unidad reside en lo íntimo de cada ser. Todo ser pensante tiene la íntima convicción de que es UNO, de que es una unidad, aunque esté formado complejamente por innumerables partes. Todos nosotros sentimos claramente que somos UNOS, que en nuestra manera de pensar, sentir y actuar procedemos como única persona.
Los tres puntos son también para el masón el símbolo de lo justo, de lo bello, de lo verdadero, emblemáticamente representados por las tres luces del candelabro que está sobre el trono del Venerable Maestro. El neófito debe enorgullecerse d epoder agregar su firma los famos tres puntos que representan también tres cualidades indispensables al masón: sabiduría, voluntad e inteligencia. Esas cualidades son absolutamente inseparables y deben existir en equilibrio perfecto en el masón. Si no hay armonía en esas tres cualidades tendríamos un ser monstruoso. Si él fuera solamente voluntad, será un bruto repleto de energía perso sin amor, sin inteligencia, pues la sabiduría implica el amor y el conocimiento. Si fuera solamente inteligencia, sería un egoísta, un inútil, que solamente cuidará de sus intereses, despreciando todo lo que no satisface a su orgullo. Pero si fuera solamente sabiduría o amor, sería también estéril porque sus grandes y generosas aspiraciones no serían puestas en acción por la voluntad ni controladas por la inteligencia y por la razón. En conclusión, el verdadero masón es el que posee el equilibrio, cuya amornía está representada por los tres famosos tres puntos: Sabiduría, Voluntad e Inteligencia.
El Ternario, es también motivo de profundos pensamientos para el iniciado, porque representa el nacimiento, la vida y la muerte, siempre presentes en el espíritu del masón que así normará su vida en el recto cumplimiento del deber. Simboliza la infancia, la juventud y la vejez, tres fases terribles de la vida humana en la que el hombre tiene diferentes obligacionesque cumplir y para las cuales deberá estar preparado. No olvidemos la familia: Padre, Madre e Hijo, trinidad perfecta cuyo equilibrio mantendrá también equilibrada la sociedad y cuyo desequilibrio será fatal para la colectividad humana.
Simbólicamente el Maestro de la Virtud expiró a las tres horas de la tarde, después de 33 años de vida. Tres son los enemigos siempre presentes que procuran devorar al verdadero masón: la profanidad, la superstición y la carnalidad. La primera escarneciendo los misterios de la Orden, la segunda invirtiendo el sentido de nuestros símbolos y la última volviendo al hombre semejante a los animales e incapacitándolo para los pensamientos elevados y nobles.
El Maestro de la Virtud sufrió tres violentas caídas en su marcha hacia el Calvario, a fin de mostrar a sus secuaces que el hombre, aun el más perfecto, no resistiría el peso de su cruz si no cuenta con el auxilio y la ayuda de sus hermanos. Eso viene a probar la necesidad de nuestra más completa unión para que podamos servir de cirineos los unos a los otros.
Los tres puntos recuerdan al masón que él está formado de elementos animales, vegetales y minerales y que para conservar el equilibrio de su naturaleza no debe olvidad que ante el mineral y el animal hay un intermedio indispensable, el vegetal, que debe predominar en su alimentación y en su vida, para que pueda gozar de salud y de equilibrio mental. Los tres puntos enseñan al masón que debe ser un hombre con Fe, un hombre con Esperanza y un hombre con caridad. Fe en la eterna supremacía de la Verdad, Esperanza en el cumplimiento de las leyes supremas que rigen el Universo y Caridad en el amor para con sus hermanos, hijos del mismo Padre Supremo, originados del mismo Principio Creador. Los tres puntos nos recuerdan también que el masón es un constante protector de la mujer que es Madre, Esposa e Hija, representando los tres estados de su paso por el mundo y sirviendo siempre a la creación, formación y sustentnación de la raza humana. Recuerdan también las tres razas fundamentales de la humanidad: la blanca, la negra y la amarilla que, a pesar de su conformación diferente, expresan también la unidad fundametnal del ser humano, proveniente del mismo Principio Creador, resultado del mismo poder cósmico que circunda el Universo.
Esos tres puntos también nos recuerdadn la flaqueza humana, que uno de los discípulos del Mestro de la Virtud, Pedro, lo negó tres veces jurando hasta que no le conocía; así tendrá el masón la certeza de que por grande que sea ésta no podrá nunca confiar totalmente en la naturaleza humana que está sujeta a innumerables flaquezas, debiendo por esto fortificar constantemente su volutnad y su virtud. Los tres puntos nos recurdan constantemente los deberes que tenemos con Dios, para con nuestros semejantes y para con nosotros mismos. De aquí se desprende el código moral de nuestra vida que así será siempre digna y correcta, pues El es el modelador del hombre virtuoso, bueno y prudente.
Y así llegamos al final de esta breve pieza de arquitectura sobre uno de los más extensos símbolos de nuestra Augusta Institución, pero siempre recordemos que ellos nos enseñan la totalidad de nuestros deberes y al mismo tiempo la gloria de nuestra vida de masones.
Tres logias formaron en los tiempos modernos la primera Gran Logia, y dieron origen a todo el mundo masónico en la actualidad. Los tres puntos son, por lo expuesto, un emblema maravilloso capaz de ejercer sobre nuestros espíritus la más fascinante atracción, elevando nuestro pensamiento hacia la Triada Suprema que sustenta el Universo.”[1].
Vida, verbo, luz. Padre, hijo y Espíritu Santo. Unidad, Dualidad y Trinidad. Las tres Luces de la Logia. Las tres Luces Menores del Altar. El pasado, presente y futuro. La vida, el verbo y la luz. Lo justo, lo bello, lo verdadero. La sabiduría, la voluntad y la inteligencia. El nacimiento, la vida y la muerte. La infancia, la juventud y la vejez. Padre, Madre e Hijo. Profanidad, superstición y carnalidad. Animales, vegetales y minerales. Hombre con Fe, un hombre con Esperanza y hombre con caridad. Mujer que es Madre, Esposa e Hija. Razas blanca, negra y la amarilla.
Son sólo ejemplos de triadas que imparten significado a esos tres puntos que cotidianamente encontramos en el mundo profano cada que recibimos un documento o tenemos la oportunidad de presenciar el momento en que alguien estampa su firma. Siempre me pregunté ¿Qué significado tendrán esos tres puntos?, ¿Será que cualquier persona puede plasmarlos en su firma?
Desde el aprendíz punto de vista, hoy puedo decir que ya no es igual la gracia que le encuentro a la unidad, porque es íntima e individual, aunque en ella podemos establecer un diálogo reflexivo con nosostros mismos. Que la dualidad impregna diferencia ya que tenemos la oportunidad de escuchar otro punto de vista y confrontarlo con esa reflexión que hicimos dentro de nuestra individualidad, pero la perfección y la alegría llegan cuando encontramos ese tercer elemento que permite que todo se complemente y encontremos una conclusión perfecta, una sinergia de esos tres aspectos que acabamos de estudiar.
Hoy recuerdo una conversación pasada con la V:. M:., en la cual con pasión me explicaba el significado del numero 3, y puedo confirmar que estaba en lo cierto respecto de su importancia en el ritual que como aprendíz he podido presenciar en las tenidas. Trés son las velas, los golpes que se le dan a la puerta, los principios que impulsan la logia (Libertad, Igualdad yFraternidad), la veces que presiono la mano de mi hermano Masón para que me identifique. Ese trés, es perfecto y nos acompañará por el resto de nuestras vidas como masónes, motivo por el cual esta plancha nos permite apropiarnos de su significado, mismo que no puede simplemente resumirse o materializarse estampando los tres puntos en mi firma como signo de pertenecer a una logia masona.
Por lo que voy a escribir puedo pecar, primero, por afirmar sin conocer, y segundo, por sugerir sin antes haber indagado, pero quisiera que ustedes hermanos, dentro de su individualidad se respondieran, ¿como Maestro, pongo los tres puntos en mi firma habiendo interiorizado plenamente su significado?, ¿Soy concientes de la responsabilidad al usarlos?. Luego, como muestra de dualidad, y por la importancia del tema, debemos compartir esas reflexiones y para completar esa triada, hacer las conclusiones generales que surjan de discutir el tema.
Si en la vida masónica practicamos el significado de los tres puntos, más que un signo de identificación, son un emblema tatuado en nuestra conciencia para aceptar al otro como hermano ya que compartirmos y practicamos los mismos principios así nuestras concepciones sobre ellos sean divergentes. Estamparlos en nuestra firma, se convierte en un sello personal de principios, de integralidad humana y de capacidad de ponerme en el lugar del otro, son una garantía de que quien los usa, si bien conoce la individualidad, convive en la dualidad y vive para la humanidad como tercer elemento de ese triángulo perfecto que se forma de su unión.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Q:.H:.DIEGO FIGUEROA DE VISITA EN LIMA




EL Q:.H:.  DIEGO FIGUEROA.: Nos visita en el Peru. estudio la  Carrera de Ciencias Antropológicas, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Se dedicó a la investigación académica de la Masonería, exponiendo en congresos nacionales e internacionales. Escritor y editor de la colección Secretos de la Masonería, cuyo objetivo es explicar los principales aspectos de la Orden Masónica por medio de la Masonología Científica. Fue iniciado en la Masonería en el año 2004, recibiendo el grado de Maestro en el 2006. Practicó diversos ritos masónicos y realizó viajes de investigación en Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay y Brasil.y ahora Peru..el Gran Oriente del Peru le da la Bienvenida 




La Piedra Bruta



El simbolismo de la piedra es riquísimo en significados. De la simple observación podemos obtener imagen de dureza, solidez, permanencia; antigüedad que evoca lo remoto y mas cercano al principio.
Sabemos también que las piedras tuvieron un significado muy simbólico en las sociedades antiguas y primitivas.
Se creía con frecuencia que las piedras bastas y naturales eran la morada de los dioses y se utilizaron como lápidas sepulcrales, amojonamientos u objetos de veneración religiosa.
La piedra es también vista como una miniatura de la montaña, con la que comparte muchos de sus significados.
Como así lo viera C.G. Jung ” … La piedra parece pues constituir un antiquísimo símbolo de lo eterno, lo perenne en el hombre, a partir de lo cual toma su fuerza vital. “
La piedra, es el principio básico de toda labor o trabajo Masónico, de la misma manera que el plan e idea, reflejo del Logos, constituye el fundamento espiritual de la obra.
Una reflexión sobre el significado simbólico de la Piedra Bruta, sugiere una estrecha relación con un sistema moral que la Masonería nos enseña en torno a la perfección del hombre, en la búsqueda del desarrollo espiritual y hacia las conductas sociales basadas en valores, el respeto, la fraternidad, la humildad, la tolerancia y los derechos del individuo.
Este sistema moral es representado por la piedra rudimentaria, que desde muy temprano, a nivel de aprendiz, nos estimula a un incesante trabajo en torno a las prácticas y doctrinas masónicas, en un vehemente deseo de buscar la Verdad.
De ahí la estrecha relación de sentido entre la Piedra y el Cuarto de Reflexión, negro en su apariencia, donde sobresale la antigua fórmula alquímica y hermética V.I.T.R.I.O.L,:
” Visita Interior Terrae, Rectificando Invenies Ocultum Lapidem “, ( Visita al Interior de la Tierra, Rectificando Descubrirás la Piedra Oculta ).
La Piedra Bruta es el símbolo por excelencia del Aprendiz de Masón. Esta piedra, sacada directamente de las entrañas de la tierra, está ubicada al pie de la columna de los Aprendices, junto a la piedra cúbica, ubicada en la otra columna, que es la meta a la que debemos llegar.
Sacar la Piedra Bruta de la mina, tal como somos sacados de las entrañas de la tierra durante la ceremonia de iniciación, es dar el primer paso hacia la virtud.
La Piedra Bruta somos nosotros Aprendices : está llena de asperezas, estamos llenos de vicios, no ha sufrido ningún trabajo por parte de una mano externa, somos neófitos y no sabemos nada. En todo caso, hablamos de la piedra, que es la base de toda obra, y sobre la cual, trabajamos en forma constante, en la construcción del templo interior.
Hay piedras brutas y labradas; así, deben distinguirse en el carácter, que nos muestra el estado tosco e imperfecto del hombre inculto, y de aquel que aún no conoce la Luz, y el hombre cultivado, que sobre todo ha aprendido a disciplinar de una manera constructiva todas sus facultades, inclinaciones y tendencias, lo mismo que su actividad, en armonía con esa Luz Ideal que ha reconocido como principio arquitectónico de su vida y de su ser
Todos los antiguos manuscritos masónicos concuerdan al señalar el perfeccionamiento del hombre, el del simple individuo, como único objetivo de la francmasonería. Las pruebas iniciáticas, los viajes simbólicos, el trabajo del aprendiz y del compañero tienen un carácter manifiestamente individual, antes que colectivo.
Según la más antigua concepción masónica, la “gran obra” del perfeccionamiento, se realiza trabajando sobre la “piedra bruta”, es decir sobre el individuo, desbastando, puliendo y escuadrando la piedra bruta hasta transformarla en “piedra cúbica de la Maestría”, gracias a las reglas tradicionales del “Arte Real” masónico de edificación espiritual.
Mientras el ser humano fue nómada la piedra bruta era consustancial a él. Cuando se hizo sedentario necesitó de piedras talladas.
La explicación de la diferencia simbólica es que la piedra bruta representa la “materia prima” indiferenciada o el “caos” con todas las correspondencias tanto microcósmicas como macrocósmicas, mientras que, al contrario, la piedra completamente tallada en todas sus caras representa el cumplimiento o perfección de la obra.
Si bien es cierto que la construcción en piedra es símbolo de la solidificación y sedentarización de un pueblo que ha sido previamente nómada, y por lo tanto representa un grado de alejamiento del Centro primordial, también lo es que los templos que ha construido la Masonería Operativa han servido para representar ese mismo Centro, que de ese modo ha permanecido accesible a los que realmente han podido ingresar en él y comprender su significado
Cada masón es considerado como una de las piedras que componen el templo, y cada una de esas piedras representa al templo todo. El obrero ha de pulir su piedra hasta que logre hallar su perfección, construyendo su templo interior y encontrando su propia esencia.
En nuestra Orden, se considera que la piedra es tal vez el fundamento más sólido sobre el que se asienta todo el universo, por su consistencia y peso específico se la eligió, justamente para representar al Ser, de tal manera que fuese sólido el terreno donde se implantase la doctrina, y no tembladerales compuestos por arenas inconsistentes.
De esa manera también, todo aquello que a través del tiempo fuese fijado sobre ese cimiento, sería sólidamente integrado a la obra proyectada. De esa manera pasaría a ser símbolo natural de todo efecto permanente y duradero y muy en particular del carácter o personalidad humana.
Finalizando y a fin de exposición practica de lo tratado, quisiera cerrar este trabajo con expresiones textuales de Aldo Lavagnini en su ” Manual del Aprendiz ” :
” … Desbastar la piedra bruta, acercándola a una relación con su destino : he aquí la tarea o trabajo simbólico al que tiene que dedicarse todo Aprendiz para llegar a ser el obrero que posee enteramente su Arte.
En este trabajo simbólico, el Aprendiz es a la vez obrero, materia prima e instrumento.
El mismo es la piedra bruta emblemática de su actualmente todavía muy imperfecto estado de desarrollo, a la que tiene que convertir en una forma, o perfección interior, que se halla en estado latente dentro de esa imperfección evidente, de manera que pueda tomar y ocupar el lugar que le corresponde de acuerdo con el Plan , en el edificio al que esta destinada.
… Es importante que no se trata de acercar la piedra a la forma de un determinado modelo exterior, si bien esto puede servir de incitación e inspiración, sino que el modelo o perfección ideal ha de buscarse dentro de la misma piedra, de cuyo fuero intimo ha de ser manifestada o educida la forma propia que a cada piedra idealmente le pertenece.
O sea saliéndonos de la metáfora se trata de reconocer y manifestar la perfección innata del Ser Intimo, de la Idea Divina que mora en cada uno de nosotros, cuya expresión relativa y progresiva es el objeto constante de la existencia … “
LA PIEDRA BRUTA<br />
El simbolismo de la piedra es riquísimo en significados. De la simple observación podemos obtener imagen de dureza, solidez, permanencia; antigüedad que evoca lo remoto y mas cercano al principio.</p>
<p>Sabemos también que las piedras tuvieron un significado muy simbólico en las sociedades antiguas y primitivas.</p>
<p>Se creía con frecuencia que las piedras bastas y naturales eran la morada de los dioses y se utilizaron como lápidas sepulcrales, amojonamientos u objetos de veneración religiosa.</p>
<p>La piedra es también vista como una miniatura de la montaña, con la que comparte muchos de sus significados.</p>
<p>Como así lo viera C.G. Jung " … La piedra parece pues constituir un antiquísimo símbolo de lo eterno, lo perenne en el hombre, a partir de lo cual toma su fuerza vital. "</p>
<p>La piedra, es el principio básico de toda labor o trabajo Masónico, de la misma manera que el plan e idea, reflejo del Logos, constituye el fundamento espiritual de la obra.</p>
<p>Una reflexión sobre el significado simbólico de la Piedra Bruta, sugiere una estrecha relación con un sistema moral que la Masonería nos enseña en torno a la perfección del hombre, en la búsqueda del desarrollo espiritual y hacia las conductas sociales basadas en valores, el respeto, la fraternidad, la humildad, la tolerancia y los derechos del individuo.</p>
<p>Este sistema moral es representado por la piedra rudimentaria, que desde muy temprano, a nivel de aprendiz, nos estimula a un incesante trabajo en torno a las prácticas y doctrinas masónicas, en un vehemente deseo de buscar la Verdad.</p>
<p>De ahí la estrecha relación de sentido entre la Piedra y el Cuarto de Reflexión, negro en su apariencia, donde sobresale la antigua fórmula alquímica y hermética V.I.T.R.I.O.L,:</p>
<p>" Visita Interior Terrae, Rectificando Invenies Ocultum Lapidem ", ( Visita al Interior de la Tierra, Rectificando Descubrirás la Piedra Oculta ).</p>
<p>La Piedra Bruta es el símbolo por excelencia del Aprendiz de Masón. Esta piedra, sacada directamente de las entrañas de la tierra, está ubicada al pie de la columna de los Aprendices, junto a la piedra cúbica, ubicada en la otra columna, que es la meta a la que debemos llegar.</p>
<p>Sacar la Piedra Bruta de la mina, tal como somos sacados de las entrañas de la tierra durante la ceremonia de iniciación, es dar el primer paso hacia la virtud.</p>
<p>La Piedra Bruta somos nosotros Aprendices : está llena de asperezas, estamos llenos de vicios, no ha sufrido ningún trabajo por parte de una mano externa, somos neófitos y no sabemos nada. En todo caso, hablamos de la piedra, que es la base de toda obra, y sobre la cual, trabajamos en forma constante, en la construcción del templo interior.</p>
<p>Hay piedras brutas y labradas; así, deben distinguirse en el carácter, que nos muestra el estado tosco e imperfecto del hombre inculto, y de aquel que aún no conoce la Luz, y el hombre cultivado, que sobre todo ha aprendido a disciplinar de una manera constructiva todas sus facultades, inclinaciones y tendencias, lo mismo que su actividad, en armonía con esa Luz Ideal que ha reconocido como principio arquitectónico de su vida y de su ser</p>
<p>Todos los antiguos manuscritos masónicos concuerdan al señalar el perfeccionamiento del hombre, el del simple individuo, como único objetivo de la francmasonería. Las pruebas iniciáticas, los viajes simbólicos, el trabajo del aprendiz y del compañero tienen un carácter manifiestamente individual, antes que colectivo. </p>
<p>Según la más antigua concepción masónica, la "gran obra" del perfeccionamiento, se realiza trabajando sobre la "piedra bruta", es decir sobre el individuo, desbastando, puliendo y escuadrando la piedra bruta hasta transformarla en "piedra cúbica de la Maestría", gracias a las reglas tradicionales del "Arte Real" masónico de edificación espiritual.</p>
<p>Mientras el ser humano fue nómada la piedra bruta era consustancial a él. Cuando se hizo sedentario necesitó de piedras talladas.</p>
<p>La explicación de la diferencia simbólica es que la piedra bruta representa la "materia prima" indiferenciada o el "caos" con todas las correspondencias tanto microcósmicas como macrocósmicas, mientras que, al contrario, la piedra completamente tallada en todas sus caras representa el cumplimiento o perfección de la obra.</p>
<p>Si bien es cierto que la construcción en piedra es símbolo de la solidificación y sedentarización de un pueblo que ha sido previamente nómada, y por lo tanto representa un grado de alejamiento del Centro primordial, también lo es que los templos que ha construido la Masonería Operativa han servido para representar ese mismo Centro, que de ese modo ha permanecido accesible a los que realmente han podido ingresar en él y comprender su significado</p>
<p>Cada masón es considerado como una de las piedras que componen el templo, y cada una de esas piedras representa al templo todo. El obrero ha de pulir su piedra hasta que logre hallar su perfección, construyendo su templo interior y encontrando su propia esencia.</p>
<p>En nuestra Orden, se considera que la piedra es tal vez el fundamento más sólido sobre el que se asienta todo el universo, por su consistencia y peso específico se la eligió, justamente para representar al Ser, de tal manera que fuese sólido el terreno donde se implantase la doctrina, y no tembladerales compuestos por arenas inconsistentes.</p>
<p>De esa manera también, todo aquello que a través del tiempo fuese fijado sobre ese cimiento, sería sólidamente integrado a la obra proyectada. De esa manera pasaría a ser símbolo natural de todo efecto permanente y duradero y muy en particular del carácter o personalidad humana.</p>
<p>Finalizando y a fin de exposición practica de lo tratado, quisiera cerrar este trabajo con expresiones textuales de Aldo Lavagnini en su " Manual del Aprendiz " :</p>
<p>" … Desbastar la piedra bruta, acercándola a una relación con su destino : he aquí la tarea o trabajo simbólico al que tiene que dedicarse todo Aprendiz para llegar a ser el obrero que posee enteramente su Arte.</p>
<p>En este trabajo simbólico, el Aprendiz es a la vez obrero, materia prima e instrumento.</p>
<p>El mismo es la piedra bruta emblemática de su actualmente todavía muy imperfecto estado de desarrollo, a la que tiene que convertir en una forma, o perfección interior, que se halla en estado latente dentro de esa imperfección evidente, de manera que pueda tomar y ocupar el lugar que le corresponde de acuerdo con el Plan , en el edificio al que esta destinada.</p>
<p>… Es importante que no se trata de acercar la piedra a la forma de un determinado modelo exterior, si bien esto puede servir de incitación e inspiración, sino que el modelo o perfección ideal ha de buscarse dentro de la misma piedra, de cuyo fuero intimo ha de ser manifestada o educida la forma propia que a cada piedra idealmente le pertenece.</p>
<p>O sea saliéndonos de la metáfora se trata de reconocer y manifestar la perfección innata del Ser Intimo, de la Idea Divina que mora en cada uno de nosotros, cuya expresión relativa y progresiva es el objeto constante de la existencia … "